Yo pensaba que mi problema era la falta de disciplina, pero en realidad no sabía qué hacer ni por dónde empezar. Tener una ruta clara para cada día hizo que dejara de guardar ejercicios al azar y por fin lograra mantener una práctica constante. También sentí un alivio enorme al dejar de preguntarme todos los días qué rutina debía hacer.